Article by Carmen Gonzáles-Borras, published in Revista Internacional CERAMICA, N° 82, 2002, Madrid, España
“Me interesa sobre todo expresarme y no solamente utilizar el material”
François Ruegg es uno de los ceramistas más sobresalientes en el panorama actual europeo. La medalla de bronce recibida en el año 2001 en la Primera Exposición Mundial de Cerámica de Corea confirma su reconocimiento internacional. Aunque es de procedencia belga (nació en Bruselas en 1954), vive en Ginebra, donde desarrolla su trabajo como artista y como profesor en la Escuela de Artes Decorativas, el mismo centro en el que inició también su formación como ceramista.
En los años 80 el estilo de la cerámica europea se basaba mayormente en el gres, el raku y las cocciones en hornos de leña. Pero para Ruegg esto no formaba parte de su temperamento. Él ansiaba conocer otras perspectivas para su trabajo y encontrar una mayor libertad expresiva. Así decide en 1982 viajar a Estados Unidos, y en el Centro de Artes y Humanidades de Sun Valley realiza varios seminarios con artistas como Richard Shaw. Lo más interesante para él fue la oportunidad de ver los trabajos de muchos artistas y constatar que la cerámica podía brindarle múltiples posibilidades de expresión.
Desde 1981 es miembro de la Asociación Suiza de Ceramistas, y en 1994 es nombrado miembro de la Academia Internacional de la Cerámica. En España hemos podido ver sus piezas sólo en dos ocasiones, pero sus exposiciones se extienden también a países como Francia, Alemania, Italia, Australia, Estados Unidos, Japón, Venezuela, Puerto Rico, Corea, Taiwán y Cuba. Cuenta con premios como el “Bourse Lissignol” de la ciudad de Ginebra (1981; Premio de la Bienal de Cerámica Suiza (1989); Premio “Zadar”, en la Trienal de Zagreb (1997) ; Premio ”Acquisition”, en la “Sydney Myer Fund International Ceramics Award” y premio del jurado en la 6th Competition Internacional en Taipei, Taiwán (2000), entre muchos otros.
Desde sus inicios, Ruegg ha mantenido una preocupación estética llena de contrastes entre las formas, el color y la textura de los materiales empleados. Su dominio de la técnica lo ha puesto a menudo a prueba en un continuo reto con los materiales: finísimas superficies, exigentes geometrías, equilibrios formales… La introducción de plexiglás, alambre y otros materiales en dialogo con la cerámica definieron por mucho tiempo sus creaciones. En sus primeras series (1984) “Boxes” (cajas) y “Teapots” (teteras) mantenía como punto central la funcionalidad del objeto; sin embargo, su investigación fue constante para poder aportar nuevas soluciones plásticas a los objetos cotidianos. Sus piezas buscaban la pureza de las líneas y eran al tiempo una provocación con su empleo del color.
En su evolución fue introduciendo las formas construidas con placas. El sentido escultórico se acentuaba y la posible funcionalidad iba tomando un papel cercano al recuerdo. Por ejemplo, la serie “Contenants l” (Recipientes), con placas geométricas de porcelana que se combinan con varillas y placas de plexiglás, hilos de metal, etc. El efecto de la porcelana mate contrastando con las superficies plásticas brillantes. Los colores sobrios con abundantes blancos. La luz crea en estos objetos un efecto especial y forma parte de la obra desde el momento que atraviesa las placas traslucidas, mostrando nuevas facetas y visiones del propio objeto.
Desarrollar un diseño futurista apoyado en el avance tecnológico y emplear el lenguaje de los símbolos de la comunicación fueron las pretensiones de la serie “Capteurs” (Captores) (1986). A partir de una forma básica cónica e invertida y a la que se iban añadiendo a modo de collage diferentes planos hechos con todo tipo de materiales, consigue Ruegg estas piezas. El contraste entre el equilibrio y la provocación óptica del caos parte de la combinación de unas formas de por si inestables, que encuentran su sentido dialogando.
A partir de 1987 y hasta 1994 Ruegg se plantea cuestionar la funcionalidad de manera prioritaria y la elimina totalmente de sus obras. Son las series “Contenants II” (Recipientes), “Plans inclinés I y II” (Planos inclinados), “Plans” (Planos) y ”Plans Lumière” (Planos luminosos). En ellas hay un despliegue de formas como nunca antes. Son placas finas de porcelana combinadas con planos de otros materiales en acentuados contrastes. Este enfoque hacia un sentido claramente escultórico de sus cerámicas lo va a mantener a partir de entonces.
Al finales de 1994, y con el apoyo de la Fundación Suiza para la Cultura
y la Fundación Ikea, viaja a Caracas (Venezuela) por invitación
de Cándido Millán, del “Taller-Escuela Arte Fuego”,
para dictar cursos de diseño cerámico. También es invitado
a impartir un curso en el “Instituto Universitario Superior de Artes
Plásticas Armando Reverón”, donde más tarde entrará
como profesor titular. Su estancia de cuatros años y las experiencias
que comparte con los artistas de esta ciudad lo lleva a reorientar su dirección
en lo que se refiere al mensaje de la obra. Hay desde entonces una preocupación
más “social”, un empleo metafórico de las formas
que lo caracterizan desde entonces. La serigrafía contribuye a que
las obras cambien de aspecto. Ya no tienen nada que ver con las piezas geométricas
y de cierto sentido aéreo al que nos tenía acostumbrados. Los
temas dejan de ser estéticos (los captores ya anunciaban algo en otro
sentido) para mostrar un mensaje que cuestiona sobre todo la naturaleza humana:
“he dejado las piezas de porcelana y los volúmenes por algo que
decir. Me interesa sobre todo expresarme y no solamente utilizar el material”.
Este es le cambio más radical en la trayectoria de François
Ruegg. A partir de ese momento las formas se van a condicionar a la idea que
el quiere expresar con total libertad, sin las preocupaciones habituales marcadas
por las normas plásticas. En este orden de ideas, le interesan cada
vez más los formatos grandes y con un sentido de ocupar el espacio.
El planteamiento conceptual sustenta las transformaciones en las formas. A
partir de ahora se puede hablar de obras más que de series. Por ejemplo,
de las que incluyen texto serigrafiado, como “Código de barras”
(1995) o “Sunset Boulevard Hotel” (1999), en las que se plantea
la cuestión de la persona frente a sus propios cambios, con su pasado
y su historia colectiva, ahora rodeado de símbolos nuevos , líneas
y cifras , creando el código del mañana. O el conjunto de “Fosilizaciones”,
que son objetos del pasado o fósiles de un futuro imaginario que apuntan
hacia la destrucción de la belleza codificada para crear nuevos cánones
basados quizá en la materialización del objeto. Obstáculos
que impiden la reconstrucción del original, porque este es todavía
inimaginable y totalmente desconocido.
Con “Frutti di mare” (2000) obtuvo la medalla de Corea. Es una forma suave y jocosa, un plato para servir alimentos de mar que recuerda un salvavidas y tiene un falso aspecto de plástico industrial. Con ella hace el artista una referencia ecológica a la salvación de la naturaleza, en la que naturalmente incluye al ser humano. La forma se adapta al mensaje, pero en este caso consigue Ruegg algo que a menudo le ha motivado: llevar al objeto cerámico a una situación límite y alejarlo de su aspecto convencional.
En “United Colors of…” (2001) desarrolla más que nunca el concepto de instalación. La obra es realizada para la Bienal Barro de América y se presenta en cinco museos de Venezuela, entre ellos el Museo Alejandro Otero, de Caracas. Plantea la reflexión de la relación del hombre con la naturaleza a través de una serie de volúmenes que recuerdan balas o misiles y cuya parte posterior esta quebrada y pintada con los colores más habituales de las banderas de los países. Ruegg ordena estos volúmenes en cuatro variaciones: ataque, defensa, formación y arsenal, sobre un suelo de tierra cuarteada.
" Eva Passion " (2001) esta basada en el símbolo de la manzana que proviene del árbol del conocimiento, es símbolo de la magia y está asociada al pecado y a la sexualidad. Con diferentes modulas (de 9 a 49), donde ha quedado incrustada la fruta, con forma, al juntarse estos, de una cama que se presenta como un producto comercial. Lo más interesante es la introducción del concepto del marketing en esta obra, pues la publicidad es otro de los lenguajes de nuestro tiempo. ¿Por qué no en la obra de arte?
En sus ultimas obras destaca “Mira…mira…” (2002), un proyecto para un diseño de baldosas creado con placas de porcelana con imágenes digitales que entremezclan una mirada femenina con un texto poético.
Ruegg continúa investigando en el terreno técnico de la cerámica y aprovechando lo que le sugiere un camino para nuevos resultados plásticos. Por ello es un placer dejarse sorprender por las propuestas de este singular artista.
Carmen Gonzáles-Borras